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Cuando mi hijo no me hace caso: conectar antes de pedir

Por Adalmila Mendoza G · · 2 min de lectura

“Le he dicho lo mismo cinco veces y todavía no lo hace”. Es una escena cotidiana que puede terminar en frustración para toda la familia. Antes de repetir o subir la voz, vale la pena preguntarse: ¿me escuchó de verdad y comprendió lo que le pedí? Y también: ¿lo que espero es posible para su edad?

El cansancio, el hambre, una molestia física o una emoción intensa pueden dificultar la respuesta. También puede estar tan concentrado en lo que hace que nuestras palabras ni siquiera lleguen a sus oídos. Y cada niño atiende y procesa de forma distinta, algo que conviene tener presente.

Primero, conecta

En vez de dar instrucciones desde otra habitación, acércate, llámalo por su nombre y busca su mirada con calma. Con los más pequeños, ayuda ponerse a su altura. Espera una señal de que te está atendiendo antes de hablar. Si mirar a los ojos le incomoda, puedes comprobar que escucha a través de una respuesta o un gesto, sin forzarlo.

Después, pide algo claro y posible

“Pórtate bien” u “ordena todo” son indicaciones demasiado generales: no le dicen qué hacer exactamente. Es mucho más fácil comprender “Guarda los autos en esta caja”. Di qué esperas que haga, con pocas palabras y en tono tranquilo, y da una indicación a la vez para que pueda recordarla y realizarla.

La forma cambia con la edad. Algunas Estrategias:

Primera infancia:Usa instrucciones breves y acompaña mientras aprenden: “Pon los bloques en la caja. Te ayudo a empezar”.

Escolares: Anticipa los cambios: “En cinco minutos vamos a comer”. Cuando llegue el momento, acércate y da la indicación. Si la tarea es más compleja, divídela en pasos y comprueba que sabe cómo comenzar.

Adolescentes Conecta con respeto y explica por qué es necesario: “Sé que estás jugando. Necesitamos la cocina despejada para preparar la cena”. Si ya existe un acuerdo, recuérdalo: “Quedamos en que guardarías los platos antes de las ocho”. Si todavía no existe, defínanlo juntos con claridad, incluyendo qué se espera y para cuándo. Deja espacio para que responda y, si surge una dificultad, conversen un ajuste concreto.

Da tiempo y haz seguimiento

Después de pedir, espera unos segundos (cinco a diez suelen bastar) para que procese la indicación y comience. Si no responde, revisa qué lo está dificultando antes de repetirla. Cuando colabore, reconoce de inmediato y con sinceridad lo que hizo: “Gracias por guardar tus cosas; eso nos ayuda a salir a tiempo”.

Y si, aun así, la situación se repite, no significa que estés fallando: en otro artículo veremos cómo responder con calma y consecuencias claras.

Para recordar

Conectar, pedir con claridad y acompañar el cumplimiento permite sostener los límites con respeto y menos desgaste. Más que repetir más fuerte, se trata de pedir mejor.

¿Un desafío para esta semana? Elige una sola situación cotidiana y prueba los tres pasos

Crianza a paso de pudú: atenta, tranquila y constante.